sexta-feira, 1 de março de 2013

Caminando por las calles...

... de tarde, puedo sentir el olor a café. Y tengo el placer de pensar... "que rico olor a café".
Mientras llueve y el ruido del agua inunda mis oídos, puedo ver los paraguas negros. Y una niña especial, y su paraguas rojo.
Rojo color de beso. Me acerco a ella, y le pregunto donde estaba su mamá.
Ella con los ojos llorosos responde que no habla con extraños. Me parecía. La educaron mejor que Caperusita Roja. Sus botas de goma tenían lunares con lunas sin brillo, y su tapado amarillo le daba un color de sol. Estaba perdida por la calle, confiando que su madre, padre o lo que sea la vendría a buscar.
Yo me quedé esperando, observando, vigilando, con mi café. Quiero ver bien la expresión de ella al encontrarse con la persona que espera.
Parece un poco preocupada. Y un poco triste. Parece que también está un poco enojada. Tendrá sus razones. La lluvia quiso parar, y el anochecer quería anochecer. El cielo rosado, naranja-rojo ya avisaba que el arco iris no iba a surgir.
En ese momento vi, por única vez la expresión de esperanza. Aunque un poco rara, pues mezclaba rabia y alegría. Lloraba. No la niña, sino la señora que la encontró. Las dos se pusieron a llorar. Fue un lindo reencuentro.

Ambas encontraron sus soles. Mientras yo... bueno, yo sigo tomando mi café.


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