quinta-feira, 14 de janeiro de 2016

Por accidente

    Lo conoció por accidente. Tiene casi treinta, pero cuando lo vió tenía un corazón de quiceañera. Sonrrojó. Fue casi amor a primera vista. Era un joven, casi la misma edad que ella. Se habia dado cuenta que estava siendo observado, y sonríe para sí mismo. Sabía que era lindo, y siempre tuvo levante.
    Una de las amigas consiguió su nombre y su numero. Se llamaba H. y tenia un numero muy facil de recordar. Muy facil para ella.
    Era como si su rostro hubiera rejuvenecido. Eso es lo que hace el amor.
    Ella, con su corazón adolecente y su determinación de mujer madura, se animó a escribirle. Se empezaron a conocer. H. veía algo diferente en ella, pero no sabía qué. Ella veía en el, todo lo que querría ver una mujer en un hombre. Empezó a enamorarse, y ella se dió cuenta de esto, y quiso enfrentar el sentimiento.
    Tuvo una relación bastante drástica a media década atrás, y desde ahí, habia decidio  no volver a caer en manos ningun hombre. No por amor, no por placer, no por conveniencia. Era determinada en eso. Era.
     H. era diferente. Era un imán. Era el Sol. Era su sueño de verano.
     Ella era bonita, independiente, vivía sola. El era un comerciante exitoso, responsable, muy trabajador.
     Pero H. infelizmente no sentía lo mismo que ella. El tenía un tipo de apreciación. Ella era una desconocida que de repente conoció. Le gustaba su sinceridad, su transparencia, su sonrisa, sus ojos. Algo le atraía. Ah, le atraía su valentía.

     Se hablaban todos los días. As veces hablaban diez minutos. As veces dos horas que pasaban volando.

     - Me gustás...
     "Me di cuenta, pero recién nos conocemos" respondió él.
     - Tenés razón, pero los gustos no se discunten, Me gustas mucho. Y quería decirtelo, así me quedo tranquila.
     "No sé que decirte..."
     - No digas nada si no sabés que decir. Tampoco te preocupes por mis sentimientos, lo puedo superar.
     "Todavia no te conosco"
     - No te sientas presionado.
     "Seamos solo amigos"
     - Dale, seamos aunque sea, amigos.

     Y esto fue lo que pasó en la segunda cita. La primera fue un desastre, irredactable.
     Ella no era fea, no era pobre, no era interesada. Nunca buscó a un hombre, ya que normalmente los hombres querian con ella.
     El era su principe azul. Se animó a hablar con el y todo. Pero para su decepción, ella no era una princesa.

     Ella se preguntaba, ¿el por qué no gusta de mí?, el hirió su orgullo, su autoestima, y su corazón. Lo último es lo de menos, según ella. Porque ella lo podía superar. Según ella.

      Lo que ella no podía superar era la pregunta
      - ¿El por qué no gusta de mi? - se deprimió un poco, pero nunca lloró. Nunca dejaba que sus sentimientos manejaran su mente.

      El la llamaba todas las noches. Le gustaba tenerla enganchada. Ella le encantaba cuando la llamaba. Aunque sea para escuchar su voz. Pero poco a poco, el dejó de responderle los mensajes. Ella se entristecía un poco. Al final, ella no sabia como decirle no a los caprichos e histeriqueos de H.

      Al final, su amiga se arrepintió de haberle conseguido el numero de telefono.

      "No seamos más amigos" era lo último que quería decir, pero nunca lo pudo pronunciar.

      Sufría. Al final, la culpa la tenía ella, y su corazón de adolecente. Ahora lo debe superar.



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