domingo, 29 de março de 2015

Volver a casa.

El día que deje de creer.
No hay un día específico, solo esta el hecho. Un día, simplemente dejé de creerlo. Y me fui de casa. Nunca deseé la muerte de mi padre, pero mis actitudes decían otras cosas. Y las actitudes dicen más que palabras...
Disfruté de la vida, de las cosas del mundo. Tenía plata, tiempo y energía. Estaba perdida en un mundo vano, donde ganaba el mejor, el más poderoso, el más rico, el más vano. Y yo competía, as veces ganaba, as veces perdía. Pero no sabía que en realidad, nadie ganaba el juego.
Me sentia vacía por dentro. Y no hay nada peor que eso.
¿En qué etapa de mi vida dejé de Creer en Él? No lo se.
Yo solo dejé de creerlo, y me fui de "casa". La soledad y el vacío fueron mis compañeras fieles. Llegue a creer que hasta mis amigos me dejaron. Me sentí de una manera que nunca había sentido antes. Sola. Desamparada. Y desalojada.

2 de Enero 2012, blog:
“Siento dolores.
Desde el cuello, y frio, hasta el cóccix.
Cuando duele al respirar, prefiero no hacerlo.
Mis costillas aprietan, asfixiando y mi canto sale triste.
Como el viento que no se siente.
Como la luz flaca que entra por la abertura de la puerta.
Como una mujer diciendo suavemente a su amante
"Es la ultima vez, pues nacimos para morir."
bajo la lluvia de verano que no venia.
La lluvia estaba esperando este capítulo
para mojar, y dejar llevar
el dolor. [y porfin... el ultimo suspiro]”

14 de Diciembre 2014, libreta:
“Un día, nosotros por fin terminamos de entender que la infancia fue linda. Pero ya terminó. Cuando percibimos que la vida es un pasaje de ida sin vuelta, nos damos cuenta de que ya perdimos mucho tiempo. El tiempo perdido ya no se recupera. Un ya no, y en seguida, un ya fue. El tiempo es algo que asusta.”

09 de enero 2015, libreta:
“Quiero dejar de estar así, en este vacío. Sin amigos, sin nada que hacer. Quiero seguir adelante, y no volver a caer.”
Estaba obsecionada con un amor que nunca existió. Buscaba algo que necesitaba en donde no se encontraba. Iba de un lado para otro para establecerme pero nunca resultaba.
Nunca pude olvidar de mi Padre, me preguntaba, rencorosamente, ¿por qué? Y mi orgullo nunca me dejó volver. Pero Él nunca me abandonó. Y yo estaba tan lejos de Él que no lo podía escuchar.

Regresar al hogar.
Silvina me prestó un libro. Nunca lo leí, hasta que un día lo ví en unas de mis cajas y me dió verguenza. “Lo voy a leer, así lo devuelvo. Seguro que ni se acuerda de habermelo prestado”. El libro se trata de reflexiones personales de Henri J. M. Nowen hacia un cuadro de Rembrant: El regreso del hijo prodigo.
Y misteriosamente, Dios empezó a tocar mi corazón. Una vez más, mi escuché la voz de Dios. Y me llamaba “hija”.
¿Yo, hija? “Si. Hija”.
Y eso fue suficiente. Dios estubo allí todo el tiempo, esperandome. Para abrazarme. Consolarme, y por fin llamarme a volver a ser su hija. El estubo esperando, a ver cuándo volvía para poder bendecirme. No me lo merezco, pero soy hija de Dios. Y por fin encontré eso que buscaba, eso que no encontraba en ningun lado. Buscaba el éxito, el dinero, el título y siempre salia perdiendo porque todo era vano. Caminaba hacia la muerte, y no me habia dado cuenta. Intentaba solucionar mis problemas por mi misma. Hice desiciones erróneas sin consultar  a nadie. Quería ver hasta cuan lejos podía llegar. Y después de tanto tiempo lejos de casa, porfin me di cuenta que lo que realmente buscaba estaba en casa. Que lo que realmente quería era volver. Dios me dejó ir de casa, porque me ama. Dios me esperó, porque me ama. Dios, nunca me abandona, porque me ama. Y lo más extraordinario es que Él me ama de la manera en que solamente él lo puede hacer.
Él me llevó a lo más extremo, para por fin sorprenderme con lo grande que es. Lo maravilloso que es. Lo amoroso que es. Para mostrarme lo que Él es.
Y me hizo ver.
Yo, por fin me humillé delante de Él, y vi cuánto necesitaba de Él. Y pude volver.

Dios es amor. El más puro, y el eterno.

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